Parque Nacional Tongariro y Wellintgon

3 junio, 2013 a las 0:41

Cuando llegamos a la minúscula Turangi, uno de los pueblos que cercanos al Parque Nacional Tongariro, no sabíamos que existía el Tongariro Alpine Crossing, una de las 9 grandes rutas de trekking de Nueva Zelanda. Nuestra idea era ir a ver el Monte Ruapehu  en una pequeña excursión de 3 horas, pero nos hablaron tan bien de esta ruta que no nos importó que amaneciera lloviendo para que, cuando a mediodía salió un esperanzador rayo de sol, nos  embarcáramos en una caminata de 6 horas durante la que atravesamos verdes bosques, cascadas y ríos, humeantes cráteres y arcoíris, lagos alpinos, infinitas cumbres nevadas y desiertos de tierra volcánica. Espectacular.

tongariro crossing ketetahi

La primera hora del Tongariro Alpine Crossing atravesando el bosque que nos llevaría a Mordor… (aunque nosotros empezamos por el final, lo hicimos al revés)

Volcán Ketetahi en Tongariro crossing

Pasado el bosque, continuamos entre cráteres volcánicos. El humo de la derecha es del volcán Ketetahi.

Tongariro crossing blue lake

Seguimos subiendo y pasamos por el Blue Lake…

Tongariro crossing mordor

Después de una hora de escarpada pendiente en medio de una nube bastante puñetera, pasamos al South Crater y vemos una parte de Mordor.

Tongariro crossing

Pasa la nube y comienza el descenso de 2 horas hacia Mangatepopo.

monte ngauruhoe

Bajando, atardece en el monte Ngauruhoe.

Fue una experiencia increíble, a pesar de que casi se nos hace de noche en el Parque Nacional y de que llegamos a un punto en el que las nubes nos impedían ver el camino hacia la nevada cumbre del monte Tongariro y a punto estuvimos de dar media vuelta. Menos mal que decidimos seguir adelante.

En Turangi estuvimos alojados en un albergue muy de estar por casa, en el que Chloe, la tan despistada como encantadora dueña, iba y venía  interesándose por todo el mundo con su bebé de 6 meses, Agnes, a cuestas, mientras su despeinado marido y el resto del personal se tomaban todas las molestias del mundo para que pudieras seguir con tus planes a pesar del mal tiempo. De nuevo, fue un placer habernos sentido durante 2 días tan a gusto con gente desconocida y cercana a la vez.

Nos despedimos de Chloe en la estación y nos subimos al bus (no sin algo de agujetas) con destino a Wellington. Conocimos la capital neozelandesa sólo de noche, porque el barco a Picton, en la isla sur, salía muy temprano al día siguiente y dado el poco tiempo que teníamos para visitar la isla sur, no merecía la pena pasar más días en la ciudad.

Nos habían comentado que en Wellington no había mucho para hacer, pero es cierto que la ciudad respira el ambiente que otras ciudades del país no tienen. Es una ciudad moderna, con edificios contemporáneos y plazas que parecen todavía por estrenar. De noche, todo eran luces, bares, cines y gente conversando en la calle y sentada alrededor de unas cañas después de la jornada laboral.

El centro, eso sí, no es muy grande, así que, después de unas horas paseando y de cenar en un buffet chino (es curioso, pero no sabemos todavía qué comida es típica en Nueva Zelanda) decidimos que era hora de ir a descansar, al día siguiente el despertador volvería a sonar a las 6 de la mañana…