Chichén Itzá y Pisté

21 enero, 2013 a las 0:49

De Isla Mujeres nos fuimos tempranito a Cancún (sólo hemos visto el centro de Cancún que es bastante feo, lo bueno debe de estar en la zona hotelera o “gringolandia” como lo llaman aquí) y de allí cogimos el bus a Chichén Itzá, mejor dicho, a Pisté, que es el pueblecito que se encuentra al lado. Cogimos el autobús más barato, es decir, el que pasa por todos los pueblecitos del interior y tarda 4 horas y media en recorrer 180 km… Ir en el bus que va directo son 2 horas y media (y si se alquila coche, no es nada), pero te pierdes el encanto de ver estos pueblecitos destartalados, de casas desconchadas y descoloridas que se agolpan a ambos lados de la carretera, donde gente tranquila que parece vivir viendo pasar el tiempo se sienta frente a sus productos esperando a que algún vehículo pare.

Pisté, en realidad, es otro de estos pueblecitos. Sorprende que teniendo uno de los recintos arqueológicos más importantes del mundo a tan sólo un kilómetro no sea un pueblo turístico. Al parecer, no les llega nada del dinero que se genera en el recinto monumental. Llegamos a medodía y buscamos una posada para dormir (la elegida es digna de un post aparte), la idea era subir a Chichén a primera hora del día siguiente para evitar a todos los turistas que suben en excursiones de un día desde Cancún, así que para matar el tiempo cogimos un colectivo de estos tan famosos y fuimos a la Cueva de Balankanché (donde se realizaban ceremonias de culto y ofrendas al dios maya de la lluvia, Chaak.

Para la vuelta tuvimos que hacer autostop porque una de las caraterísticas de los colectivos es que pasan a menudo por los núcleos más o menos grandes y si les dices dónde vas, aunque no sea una parada oficial, te llevan, pero cuando estás en un punto un poco apartado, no sabes si van a pasar o no algún día por allí. Afortunadamente no tardamos mucho en encontrar a alguien que nos llevara de vuelta al pueblo. De Pisté nos quedamos con la amabilidad de la gente.

Tempranito por la mañana salimos de la posada del terror (que por suerte estaba al final del pueblo y a sólo 1km de Chichén) y nos plantamos en la puerta cuando todavía no habían abierto, por lo que disfrutamos del parque casi en soledad, algo que no tiene precio, porque es impresionante. Cuando salimos a las 11, la puerta estaba infestada de turistas que hacían cola y entraban en tropel. Hay que evitarlo a toda costa.

Volvimos al pueblo y cogimos el autobús a Mérida, nuestro siguiente destino.

 

Los famosos Colectivos

 

Cueva de Balankanche, trono del jaguar.

 

 

Templo de Kukulkan

 

Juego de la pelota

Explicación en lenguaje maya (lo hablan mucho más de lo que pensábamos)

 

Juego pelota