Vida y muerte en Varanasi

21 diciembre, 2013 a las 13:12
Ghats en Varanasi

Ghats en Varanasi

Tras una larga noche en tren-litera llegamos Varanasi, una de las 7 ciudades sagradas, centro de peregrinación para muchos indios que vienen aqui a darse un purificador baño en los ghats a orillas del Ganges (escalones que acaban en el mismo río). También es la ciudad donde muchos otros vienen a morir, ya que es aquí, en Varanasi, donde se cierra el ciclo de la vida y la muerte para los hindús, Morir aquí significa acceder al Nirvana, es decir, que no habrá más reencarnaciones. Una ciudad muy especial…

Habíamos leído en la guía que había que tener cuidado con los conductores de tuktuk en esta ciudad, porque te llevan a los hoteles que les da la gana, incluso hay gente que llama a su hotel igual que otro hotel famoso para engañar a los turistas, así que tras dejar bien claro que íbamos al Shanti Guest House en Manikarnika Ghat (uno de los ghats más populares de Varanasi) nos subimos al tuktuk de un par de señores indios con los que habíamos pactado el precio.

Íbamos con el GPS en el móvil y ya durante el camino tuve que llamarles la atención un par de veces porque se estaban desviando, a lo que me contestaban que había muchas calles cortadas y que teníamos que dar un rodeo pero que no me preocupara, que nos estaban llevando adonde les habíamos dicho. De pronto pararon el tuktuk y nos dijeron que era allí (según mi GPS, súper lejos de nuestro guesthouse), cuando miramos el letrero no nos lo podíamos creer, estábamos en el Shanti REST House, no en el Shanti GUEST House y, desde luego, lejos de Manikarnika Ghat. Les dijimos que no era allí, le enseñamos el mapa con el GPS y lo único que me decían era que mi mapa estaba confundido (¡tendrán morro!)

Cuando vieron que no colaba nos empezaron a decir que el guesthouse al que queríamos ir era muy caro (mentira) que no se podía llegar en tuktuk (esto es parcialmente verdad, pero no era excusa) que estaba lejos del río… en fin, una sarta de mentiras. Cabreados, les mandamos a freír espárragos y nos pusimos a andar hacia nuestro verdadero destino. La cosa empezaba bien…

Treinta minutos después de caminar por el intrincado laberinto de sugerentes callejuelas de la ciudad vieja de Varanasi y gracias a la ayuda del GPS, llegamos al verdadero Shanti Guest House. Dado lo escondido del sitio, supusimos que el hecho de que estuviera lleno de viajeros es gracias a su recomendación en Lonely Planet. Elegimos una habitación por 350 rupias (4,17€) con vistas al Ganges y subimos a la azotea a comer.

Nos encanta que en India se aprovechen las azoteas de las casas para poner restaurantes y bares, te permiten ver las ciudades desde lo alto y contemplar paisajes urbanos preciosos. Concretamente, las vistas desde el Shanti eran emocionantes, durante todo el día cientos de cometas sobrevolaban el cielo de Varanasi y el río Ganges, como se cuenta en el libro Cometas en el Cielo aunque, en este caso, trasladado a la India contemporánea. Nos encantó la imagen.

Azoteas Varanasi

Azoteas Varanasi

Después de esperar una vida por la comida (intervalo en el que conocimos a Mauro, un uruguayo que llevaba viajando por India un mes) y de comer, salimos a conocer los famosos ghats a orillas del río, lugares de purificación, ofrenda y oración en unos puntos, de cremación y duelo en otros. Empezamos por el Manikarnika, uno de los más célebres por tratarse de uno de los dos ghats de cremación en esa zona de la ciudad, ya que lo teníamos junto al guesthouse.

Se trata, lógicamente, de un lugar muy especial y sagrado para la religión hindú y no se pueden hacer fotos. Nos habían comentado que, dada la curiosidad que generan estos ghats de cremación en los turistas, no habían tardado en aparecer “timadores¨que quieren sacar provecho, así que hay que tener también algunas precauciones.

Shadu, Varanasi

Un ¨shadu¨o asceta

Algunos te invitan a que les acompañes para ver la ceremonia desde un sitio más cercano y te intentan meter por callejones que a saber dónde llevan para sacarte el dinero, otros sí que te llevan a ver la ceremonia, aparentemente gratis, pero después te piden una ¨donación¨, ¨la que te salga del corazón¨, te dicen, pero cundo sacas el dinero te exigen que, como mínimo, sea de entre 300 y 1200 rupias (Mauro, el uruguayo, les dio 50 y le echaron de allí gritándole de todo) y la tercera cosa es que, como no se puede hacer fotos, si te ven con una cámara (aunque no estés haciendo fotos) vienen y te increpan que no estás respetando su cultura y que tienes que seguirles a la policía, pero lo único que buscan es meterte por un callejón para robarte.

En los 10 primeros minutos que estuvimos en Manikarnika ghat nos vimos en las tres situaciones. Evidentemente, no seguimos a nadie ni vimos ninguna ceremonia “de cerca¨, pero tuvimos que alejarnos porque se pusieron muy agresivos en varias ocasiones, sobre todo un chaval que nos vio con la cámara y estaba empeñado en que le siguiéramos a la ¨opis¨ (suponemos que quería decir ¨police¨) y, como no le hacíamos caso, se puso a gritarnos. En India es cierto que no hemos visto robos con violencia ni nada así, no se siente esa inseguridad, pero por sentido común, es mejor no seguir a nadie y mucho menos por ningún callejón de Varanasi.

Nos fuimos de ese ghat con bastante rabia, desde luego hasta el momento no habíamos tenido mucha suerte con la gente en India. Todos parecían querer sacarnos el dinero y, en la mayoría de casos, de la forma más sucia. Erik empezaba a estar muuuuy harto (se hubiera subido a un avión rumbo a cualquier destino en ese mismo momento). Yo respiré hondo, conté hasta 10 y propuse seguir caminando en busca de otras cosas positivas que poner en la balanza lo antes posible, para quitarnos el mal sabor de boca. Desde luego no era esta la atmósfera que esperábamos encontrar en una de la ciudades más espirituales de India.

Seguimos paseando por la orilla del Ganges, disfrutando de la bonita arquitectura y el ambiente de los curiosos, concurridos (y sucios en bastante puntos) ghat; la verdad es que están siempre muy animados y tienen un halo muy especial, sobre todo al amanecer y al anochecer, cuando puedes ser testigo de coloridas ceremonias de oración llamadas pujas (literalmente: ¨respeto¨).

Ghat Dasaswamedh, Varanasi

Preparando el Ghat Dasaswamedh para la ¨puja¨

Ganga Aarti

Ceremonia Ganga Aarti, cada día en el Dasaswameh Ghat

Nuestro guesthouse, además, organizaba paseos gratuitos en barco de una hora, desde donde se pueden ver las cremaciones del Manikarnika de lejos, así que dedicamos un atardecer a subirnos a este barquito. Pasamos el resto de los días paseando por los ghats hasta el anochecer (no es muy aconsejable quedarse por los callejones de la ciudad vieja una vez que cierran los comercios), paseando por el centro y disfrutando de la deliciosa comida india en nuestra azotea, donde nos juntamos un grupo de viajeros de lo más variado (el uruguayo, un italiano, un madrileño, dos americanas…). Allí, con Varanasi bajo nuestros pies, disfrutábamos de buenas conversaciones sobre consejos y experiencias en India que se alargaban hasta bien entrada la noche. Nuestra impresión de Varanasi un poquito…

Casi todos coincidimos en que el norte, en la zona monumental, es difícil no sentirse agobiado por la gente que vive de los turistas y en que, en general, no te puedes fiar de nadie de primeras.  No sólo por la gente que quiere timarte, sino también porque los dueños de tuktuks, restaurantes y tiendas son muy, muy pesados. No os podemos explicar cuánto lo son en un blog. Normalmente sólo contamos cuando nos intentan engañar pero lo de la insistencia de la gente de los comercios, guías turísticos, conductores… es las 24 horas del día y es agotador.

Suponemos que la India hay que vivirla durante un largo periodo de tiempo para buscar un equilibrio entre lo turístico (pasar volando por aquí) y lo tranquilo, donde conectar con la gente más humilde que pase de los turistas… sabemos que tres semanas no son suficientes, pero nos da un poco de pena, porque es el primer país en el que hemos tenido esta sensación.

Manikarnika ghat

Manikarnika ghat desde el barco, el humo es de las piras funerarias

Varanasi, amigos

El grupo de viajeros

Ghat Kedar, Varanasi

Ghat Kedar, Varanasi

Baño de purificación en el Ganges

Baño de purificación en el Ganges

Ganges, colada

También hacen la colada…

Calles de Varanasi

Calles de Varanasi

Mujeres de Varanasi

Mujeres de Varanasi

En aquel momento, desde nuestra azotea, esperábamos de corazón encontrar un poco de tranquilidad y relax en uno de nuestros últimos destinos, las playas del norte de Goa, una región del sur de la India que parece un rinconcito de paraíso. Eso sí, antes teníamos que pasar por los templos eróticos de Kajuraho :)

Azoteas en Varanasi

Azoteas en Varanasi