Phnom Penh, la capital camboyana

27 octubre, 2013 a las 10:03

Palacio Real de Phnom Penh

Llegamos a Phnom Penh, la capital de Camboya, a medio día (desde Battambang $7, 6 horas aproximadamente). El sol pegaba con fuerza pero aun así nos pusimos a andar en busca de un cibercafé para contactar con Dannith, un conocido de Erik que se había ofrecido a alojarnos en su casa.

Como no respondía buscamos un hostel por la zona (el Estadio Olímpico) y justo cuando entrábamos en la habitación, nos llamó. Decidimos quedarnos en el hostel hasta el día siguiente y dedicar esa tarde a descansar y acercarnos al Estadio Olímpico al atardecer que es cuando media ciudad se reúne para hacer deporte allí. Es muy divertido ver a los numerosos ¨monitores¨ de aerobic realizar sus coreografías ante una marea de gente de todas las edades.

Al día siguiente hicimos una infructuosa visita a la embajada de la India (strike 3), buscamos un fisio para Erik (carísimo pero profesional ¡por fin!) comimos con Dannith e intentamos entrar al Palacio Real (no lo hicimos porque a las mujeres sólo les dejan con manga larga, no vale manga corta o taparse con un foulard. A casi 30 grados que estábamos y me dejé el jersey en casa, ¡vaya!).

Paseamos por fuera del Palacio (se puede apreciar bastante bien), por la ribera del río y por la zona de guesthouses y bares. La primera impresión que nos dejó Phnom Penh es la de una ciudad bastante caótica para pasear, sin aceras ni gran cosa que ver y con uno de los peores tráficos que hemos vivido ¡cruzar la calle es todo un reto!

Paseo junto al río de Phnom Penh, Camboya

Reloj en Wat Phnom

Al día siguiente, después de ir al fisio para arreglar a Erik un poco ;) fuimos al Tuol Sleng Museum, un instituto tomado en 1975 por las fuerzas de seguridad de Pol Pot (líder de los Jemeres Rojos) que convirtieron las aulas en cámaras de tortura y renombraron el lugar como Security Prison 21 (S-21), donde llegaban a matar a 100 personas cada día.

Al igual que los nazis, los Jemeres Rojos fueron bastante meticulosos registrando sus actos de barbarie y cada persona fue fotografiada antes (y en algunos casos después) de su paso por este lugar que parece salido de una pesadilla. Como ya os comentamos en Facebook, fue una visita desgarradora en la que era difícil contener las emociones. Si estás en Phnom Penh es una visita obligada aunque, evidentemente, no para ir con niños.

Lo que en su día servía para practicar gimnasia (trepar la cuerda) se convirtió en una máquina de tortura.

Un aula reconvertida en cuarto de tortura

Cada preso/a era fotografiado al entrar en Tuol Sleng

Celdas, grilletes y fotos de la masacre

Pasillo en Tuol Sleng

Comimos con Dannith (un simpatiquísimo chico camboyano criado en Francia, amigo de una excompañera de trabajo de Erik) y esperamos a que saliera de trabajar para ir a su casa a conocer a su familia: su mujer Monika y sus hijos Maelys de 3 años y Louis, de 1.

Tienen una bonita casa a las afueras de Phon Penh donde nos habían preparado una estupenda cama y donde charlamos de viajes (tienen unos amigos viajando de Phnom Penh a París ¡en tuk ruk!), de la vida en general y de la vida en Camboya en particular, compartiendo unas deliciosas copas de vino…

Aunque llegamos entre semana y estaban realmente ocupados con sus trabajos, conectamos enseguida y estuvimos muy a gusto con ellos. Fue genial conocerles y pasar dos días en su casa. Otra amistad (esperamos que duradera) que se monta en nuestras mochilas.

Cenando comida india con Dannith y Monika

El último día, después de otro intento fallido de conseguir nuestro visado para la India (strike 4) nos subimos de nuevo a un autobús, esta vez en dirección a la costa: Sihanoukville y la paridisiaca isla de Koh Rong.

En el próximo capítulo ¡volvemos a enseñar carne!