Mumbai (Bombai), última parada

29 diciembre, 2013 a las 12:32
Victoria Terminus CST

Estación de Victoria Terminus

Llegamos a Mumbai a las 5 de la mañana, no habíamos reservado ningún alojamiento porque nos habían recomendado un hotel cerca de la estación de tren Victoria Terminus (CST) que, por internet, tenía los precios mucho más inflados de lo que nos habían dicho, así que la idea era llegar allí sin reserva y si se daba el caso, regatear.

Salimos de la estación y nos pusimos a andar por las oscuras calles de la ciudad en busca de este sitio, sorteando a decenas de personas que dormían sobre las sucias aceras, con las ratas correteando entre sus mantas. Después de dar vueltas y vueltas nos dimos por vencidos, ni encontrábamos el sitio, ni otro lugar que no estuviera lleno o en el que no nos pidieran una pequeña fortuna para tratarse de India. No entendemos cómo es posible que en Mumbai el precio de los hostels sea el triple que en Varanasi o el doble que en Goa.

Decidimos volver a la estación y tomarnos un café mientras esperábamos al alba. No era cuestión de seguir tentado a la suerte recorriendo las calles de Mumbai de madrugada con todas nuestras cosas encima (hasta el último día de viaje haciendo cosas de estas, parece mentira…)

Cuando ya amanecía, salimos de nuevo en busca de alojamiento. No tardaron en acercarse a nosotros varios dueños de hoteles cercanos ofreciéndonos sus servicios. Regateando llegamos a conseguir una habitación doble por 1200rupias (14,30€) en un hotel que quedaba a unos 20 minutos andando de la estación, hacia el norte (había habitaciones más baratas y mejor situadas quizá, pero necesitábamos internet, así que fue la mejor opción).

Después de una siesta y de organizar bien la visita a la ciudad, nos pusimos a caminar siguiendo el recorrido a pie que recomendaba la guía: bajamos por Colaba Causeway hasta la plaza Horniman, giramos a la derecha para ver la iglesia de Santo Tomás y la Flora Fountain, bajamos por la calle Mahatma Ghandi pasando por el edificio de Obras Públicas, la biblioteca David Sassoon, el Elphistone College, la plaza Regal Circle… hasta la famosa Gateway of India, junto al Hotel Taj Mahal. A la vuelta, subimos por la calle Bahurao Patil Marg viendo los edificios de la Universidad de Mumbai y el Palacio de Justicia, haciendo una parada para ver cómo jugaban a cricket en Oval Maidan.

Santo Tomás exterior

Santo Tomás, Mumbai

St. Thomas Church

Interior de la iglesia de Santo Tomás

Fuente Flora

Flora Fountain

Prince of Wales Museum

Prince of Wales Museum

Puerta de India

Puerta de India

Universidad de Mumbai

Universidad de Mumbai

Taj Mahal Hotel

Taj Mahal Hotel

Volvimos al hotel a descansar, pasando por el asentamiento chabolista (uno de los slums de Mumbai) que se extiende en la parte lateral derecha de la estación (el hotel se encontraba enfrente) y, la verdad, es que fue como estar viendo la realidad descrita en la novela La Ciudad de la Alegría de Dominique Lapierre (recomendamos leerlo antes de visitar la India).

Son padres de familia o familias enteras que tuvieron que abandonar su aldea a consecuencia de sequías, inundaciones, expropiaciones corruptas, persecuciones religiosas, guerras étnicas… y emigraron a las grandes capitales en busca de un futuro no más esperanzador del que dejaron en sus casas.

Los más afortunados pueden permitirse pagar a la mafia el alquiler de una chabola (sí, pagan alquileres por vivir en agujeros de chapa sin ventanas) otros, los recién llegados, tienen que conformarse con dormir sobre la acera bajo un plástico que escasamente les protege del implacable sol o de la humedad del Monzón.

Casi siempre se trata de campesinos, gente humilde de campo en busca de un trabajo que rara vez llega, por lo que se ven obligados a buscar entre la basura, mendigar y, muchas veces, acaban siendo víctimas de la explotación sexual o el tráfico de órganos. Verlo de cerca da mucha impresión y una pena inconmensurable.

El último día hicimos limpieza de la (poca) ropa y elementos de higiene etc que no íbamos a traer de vuelta a España y los metimos en una bolsa. Cuando volvimos a pasar por este asentamiento nos cruzamos con una niña descalza que llevaba en brazos a un bebé y le entregamos la bolsa, en la que había, entre otras cosas, unas chanclas. La chiquilla nos miró con incredulidad y, a falta de inglés, nos dio las gracias con una sonrisa tan sincera que partía el corazón. Hasta el último momento la India nos ofrecía sentimientos intensos y encontrados.

El resto del día lo dedicamos a pasear por el Malabar Hill, Banganga Tank y la playa de Chowpatty que, la verdad, da bastante pena porque es una playa extensísima, pero su agua es tóxica así que a pesar del calor, lo mejor es ni acercarse al mar.

Banganga Tank

Banganga Tank

Playa tóxica de Mumbai

Playa tóxica de Mumbai (la luz no nos dejó hacer una foto mejor)

De nuevo descansamos un poco en el hotel y por la tarde fuimos a la estación para coger desde allí un taxi de prepago al aeropuerto internacional. Por la mañana nos habían dicho que el precio por el taxi de prepago al aeropuerto era de 430 rupias, pero cuando volvimos por la tarde nos pidieron 570. Nos pareció una tomadura de pelo y además no teníamos suficiente efectivo así que pensamos en opciones alternativas.

Estábamos indecisos entre coger un tren de cercanías hasta la parada de Andheri y desde allí un tuktuk (la opción barata) o regatear por un taxi. Dado que la opción barata es bastante incómoda y como se trataba de nuestro último día de viaje, negociamos en la estación de Victoria (CST) 500 rupias por un taxi (no hubo forma de que nos llevaran por menos). Eso sí, tardamos más de una hora y media en llegar debido al tráfico y las obras.

Llegamos al aeropuerto y como no, un señor se acercó a proponernos ir a su restaurante, intentándonos convencer de que no nos iban a dejar entrar en el aeropuerto, porque era muy pronto para nuestro vuelo (hasta el último momento inventándose cosas para engañarnos jajaja).

Haciendo caso omiso al insistente señor, nos despedimos de Mumbai y cruzamos las puertas del aeropuerto por última vez en esta aventura, después de un año de inolvidables experiencias. Era navidad y teníamos ganas de volver a ver a nuestras familias, pero la inevitable nostalgia salpicada de nervios nos acompañó durante todo el viaje de vuelta.

¿Cómo podríamos quitarnos de encima esa pegajosa sensación de ¨Y ahora qué¨? No tardamos mucho en ver la luz: ¿Qué es lo mejor cuando se termina un viaje? Planear el siguiente.

The End. To be continued…