Hue, la ciudad imperial pasada por agua

24 noviembre, 2013 a las 10:22
Jardines en la Ciudad Imperial de Hue

Jardines en la Ciudad Imperial de Hue

Llegamos al centro de Hue a mediodía y enseguida encontramos una habitación buena, bonita y “barata“ en el flanco sur de la ciudad, el área donde se concentran la mayoría de alojamientos, bares y restaurantes. Nos decidimos por una habitación doble con A/A, agua caliente y tv por $8 (6,15€) en un hostal en el que, además, ¡el personal era amable! toda una novedad en Vietnam… Esto no quita que intentaran vendernos sus tours, evidentemente, pero por lo menos aquí lo hacían con algo más de ¨tacto¨.

Estábamos impacientes por conocer una ciudad que, según la guía, es ¨el corazón intelectual, cultural y espiritual de Vietnam¨, así que en cuanto dejamos las cosas salimos a pasear para empaparnos de este ambiente que a priori parecía tan bohemio.

No hicieron falta ni 30 minutos para darnos cuenta de que estábamos ante otra decepción respecto a la Lonely Planet (y de que la persona que escribió la parte de Hue le da a las drogas duras) porque la ciudad, además de ser algo gris y feucha, no tiene nada de cultural, artístico, intelectual o como lo quieran llamar.

Hue

Paseando por Hue

Lo que sí es cierto es que cuenta con algunas ¨perlas¨ arquitectónicas de importancia, como la tumba imperial del emperador Khai Dinh (a unos kilómetros de la ciudad), pero lo único que vale la pena dentro de la ciudad es la antigua Ciudad Imperial que, aunque bombardeada por los norteamericanos hasta dejarla hecha añicos, está siendo restaurada con bastante dignidad y es uno de los tesoros arquitectónicos del país.

Teatro Real de la Ciudad Imperial de Hue

Teatro Real de la Ciudad Imperial de Hue

Casa Huu Vu, de la Ciudad Imperial de Hue

Casa Huu Vu, dentro de la Ciudad Imperial de Hue

Puerta de salida de la Ciudad Imperial de Hue

Puerta de salida de la Ciudad Imperial de Hue

Aunque nos habíamos librado del tifón Haiyán, en nuestra estancia en Hué nos comimos la tormenta tropical Podul con patatas, así que nuestra visita a la ciudadela fue pasada por agua, mucha, mucha agua (y una de nuestras cámaras se ahogó). La entrada cuesta 105.000d (=3,71€) el doble de lo que dice la guía y muchísimo más de lo que suelen costar los monumentos en Vietnam, pero el recinto es bastante grande y la ciudad no ofrece otra alternativa, así que recomendamos la visita, sobre todo si hace sol (cuando fuimos nosotros llovía tanto que a las 3 horas casi no podíamos ni caminar de lo que nos pesaban las empapadas zapatillas).

Lluvia en la Ciudad Imperial de Hue

Lluvia en la Ciudad Imperial de Hue

Al salir de la Ciudad Imperial aprovechamos para comer en un ¨restaurante¨ de comida local que resultó estar deliciosa y, como no dejaba de llover, nos pusimos unos poncho-chubasqueros de lo más sexy que nos habíamos comprado y echamos a andar hacia el hostal bajo una lluvia torrencial, para descubrir que las calles se habían convertido en ríos y el agua nos llegaba por los tobillos.

Una vez que llegamos a la habitación cancelamos nuestra cita con el couchsurfer con el que habíamos quedado porque era imposible hacer nada con ese agua y ya no volvimos a salir hasta la cena, cuando cruzamos el río que nos separaba del restaurante de la acera de enfrente, donde tuvimos el peor servicio de la historia (mucha gente se fue del restaurante sin cenar después de estar horas esperando sus platos).

Al día siguiente, aunque con menos intensidad, amaneció lloviendo otra vez así que por si acaso fuimos hasta la oficina de la compañía de autobuses para cambiar el billete a Hanoi que habíamos cerrado para esa misma noche porque, aunque queríamos continuar hacia el norte cuanto antes, no nos fiábamos ni un pelo de coger un bus nocturno después de ver cómo se había inundado Hue.

Cuando llegamos a la agencia (atravesando algunas calles todavía inundadas), con la amabilidad que caracteriza a los vietnamitas dedicados al turismo, no nos quisieron cambiar los billetes y nos mandaron a quejarnos a otra parte. No nos quedó más remedio que subirnos al bus nocturno rumbo a Hanoi esa misma tarde.

La suerte quiso que a las 8 de la mañana, después de uno de los trayectos más incómodos de todo el viaje, llegáramos a Hanoi, dormidos, pero sanos y salvos. Los de ¨sanos¨ no iba a durar mucho tiempo, pero ese ¨traspiés¨ lo contaremos en el siguiente artículo: Hanoi, la capital.

De momento, seguíamos buscando el perfume de la rosa