Cataratas de Iguazú

15 mayo, 2013 a las 15:23

Después de 19 horas de autobús desde Buenos Aires llegamos a Puerto Iguazú. Parecía que nos habían pasado los huesos por un pasapurés, pero eran las 7 de la mañana y estábamos impacientes por ir a las cataratas, así que dejamos las mochilas en la estación y cogimos el bus para visitar una nueva maravilla del mundo.

Nos montamos en el trenecito ecológico interno que comunica los 2 sectores del Parque Nacional Iguazú y nos dirigimos a la famosa Garganta del Diablo, el punto más alto que existe del las cataratas. Ver caer a borbotones la furiosa corriente de agua bajo nuestros pies, envueltos por el estruendo y el vapor en suspensión filtrado por la luz del sol, fue una experiencia única, sin duda.

Volvimos hacia el primer sector y recorrimos los senderos que discurren a lo largo de los acantilados por los que caen las diferentes cascadas, entre espesos bosques llenos de monos y coatíes ladronzuelos en busca de comida de los turistas (incluida la nuestra).

Un potente sol de mediodía nos acompañaba en lo alto provocando que además, en cada salto de agua, nos recibiera un impresionante arcoiris, como si la naturaleza estuviera esforzándose al máximo por ofrecernos el mejor de los escenarios.

Garganta del Diablo, Cataratas de Iguazú

Garganta del Diablo, Cataratas de Iguazú

Cataratas de Iguazú

Cataratas con arcoiris

Cataratas de Iguazú

Amplia vista del agua cayendo

Cataratas de Iguazú

Cataratas de Iguazú

Coatí

Coatí, Cataratas de Iguazú

En unas 4 ó 5 horas disfrutamos de todo el esplendor de la Cataratas de Iguazú desde el lado argentino así que volvimos al pueblo, recuperamos nuestras mochilas y cogimos el bus a Foz do Iguaçú, para darle una oportunidad al lado brasileiro, aunque pensando que poco podía hacer para superar la experiencia. Qué equivocados estábamos.

Pasamos la noche en Foz, en el hostel de HI que queda más cerca del centro (tiene piscina, la ubicación está bien y el desayuno es rico y abundante pero no hay dormitorios mixtos) y nos despertamos prontito con una excitación en el cuerpo similar a la de un niño el día de Navidad. Cuando vimos que llovía a cántaros casi nos da algo. A punto estuvimos de no ir a las cataratas y continuar el viaje pero, por suerte, se nos ocurrió la idea (brillantísima, de genio casi) de ponernos un chubasquero y listo (¿por qué cuando llueve parece que se acaba el mundo?)

Chupamos tanta agua que dudamos por un instante de la impermeabilidad de la piel humana (las zapatillas tardaron 3 días en secarse) pero, con la mano en el corazón, no nos arrepentimos de haber ido. Incluso bajo el Diluvio Universal seguimos dudando de si el espectáculo panorámico que ofrecen las Cataratas do Iguaçú desde Brasil es más bonito. Ambos son impresionantes y, como no nos ponemos de acuerdo ¡os animamos a visitar los 2 lados!

Cataratas do Iguaçu

Cataratas do Iguaçu, lado brasileño

Cataratas do Iguaçu

Prácticamente encima de las cataratas

Cataratas do Iguaçu

A pesar de la lluvia disfrutamos de las vistas

Cataratas do Iguaçu

Cataratas do Iguaçu